Yerma, dos viejas y la Dolores, llegan al amanecer a casa de esta última y conversan acerca de una sesión de rezos que, para conseguir que Yerma quede embarazada, acaban de hacer en el cementerio. Yerma se muestra firme en sus deseos de tener hijos, aunque la Vieja Primera le advierta que los hijos no necesariamente traen la felicidad, pero confiesa a las mujeres que no quiere a su esposo. Cuando Yerma está a punto de irse aparecen Juan y sus dos hermanas. Los esposos nuevamente se enfrentan, los reproches que uno hace al otro son los mismos, pero el tono de la discusión aumenta. Convencida de que parte del su problema es que su esposo no quiere hijos, Yerma suplica a Juan que comparta sus deseos de ser padres, pero se encuentra con el rechazo de su marido, que, temiendo que los vecinos se vayan a enterar de sus problemas de pareja, la manda a callar. Esta será una batalla que ganará Juan. Yerma luego de gritar su desgracia acabará callándose, silencio que anticipa la profunda depresión en la que se sumirá poco después.