Sinopsis

El primer acto se inicia con la muerte de Antonio María Benavides, segundo marido de Bernarda Alba, revelada a través de una conversación entre La Poncia y otra criada. Esta plática también introduce al personaje de Bernarda, la cual es criticada.

Las cinco hermanas y la matriarca entran en escena tras haber estado en la iglesia. Bernarda se queja de la gente que ha asistido el funeral, revelando una preocupación por las apariencias. Una de las primeras instancias de opresión se produce cuando, al preguntar por un abanico, Amelia le da uno con flores rojas y verdes. Bernarda lo arroja al suelo furiosa de que no se respete el luto de su difunto marido y procede a anunciar que durará 8 años. A partir de este momento aumenta la tensión entre las hermanas, en gran parte por el hecho de que Pepe el Romano, el hombre sobre el cual todas personifican sus deseos de libertad, pide matrimonio a Angustias por su dinero. Magdalena, Adela y Martirio no pueden reprimir sus celos hacia la idea de que Angustias se vaya a librar de la tiranía de Bernarda.  

Maria Josefa, la madre demente de Bernarda Alba, se escapa de la habitación donde está encerrada. Dice una serie de verdades que expresan los deseos íntimos de las hermanas por casarse y escaparse de la autoridad bajo la que están sometidas.

El acto segundo comienza con todas las hermanas, a excepción de Adela, cosiendo el ajuar para la boda de Angustias. La Poncia, que es el personaje cuyo punto de vista más se asemeja al del espectador, sospecha que Adela esté teniendo una aventura con Pepe el Romano y la desafía al respecto. Sobrecogida, la menor de las Alba reconoce la situación, pero en vez de demostrar un sentimiento de culpa defiende su derecho a la libertad.

La trama se enreda cuando Angustias anuncia furiosa que le han robado su foto de Pepe el Romano. La culpable resulta ser Martirio, que ha diferencia de Adela tiene miedo a reconocer su deseo por Pepe y se excusa diciendo que su intención era gastar una broma.

El acto acaba con la historia de la hija de la librada, una mujer del pueblo que tuvo un hijo ilegítimo y lo mató por vergüenza. Ahora el pueblo la quiere matar por su deshonor. Adela es la única de la familia que siente horror hacia la situación.

En el acto tercero ocurre el desenlace de la obra. Prudencia, una vecina, acude a cenar a la casa. Pregunta a Angustias por Pepe, pero ésta responde que no se encuentra en el pueblo. Sin embargo, esa noche Adela sale afuera y Martirio la sigue. Cuando Adela aparece con el pelo revuelto, Martirio la acusa de haber traicionado el honor de la casa. Adela le reprocha que no le importan las cuestiones de sangre en la medida que denigran su libertad, añadiendo que en realidad ella se comportaría igual si pudiese. Martirio se quiebra.  Reconoce su amor por Pepe y su odio hacia Adela por poder tenerle. Hay una pelea entre las dos hermanas y Martirio llama a Bernarda.

Adela hace frente a Bernarda cuando ésta entra en escena, rompiendo su bastón y anunciando a toda la familia su infidelidad con Pepe. La matriarca, hecha una furia, sale de la casa con una escopeta y se oye un disparo. Martirio dice que Pepe ha muerto, ante lo cual Adela corre a su habitación y se encierra. Bernarda revela que ha errado el tiro. Se oye un ruido. La Poncia entra en la habitación donde se haya Adela y la encuentra ahorcada. En vez de demostrar su horror, Bernarda reacciona priorizando su actitud característica de mantener la reputación de la familia. Sus últimas palabras son: “Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!”