Acto tercero

Cuatro paredes blancas ligeramente azuladas del patio interior de la casa de Bernarda. Es de noche. El decorado ha de ser de una perfecta simplicidad. Las puertas, iluminadas por la luz de los interiores, dan un tenue fulgor a la escena. En el centro, una mesa con un quinqué, donde están comiendo Bernarda y sus hijas. La Poncia las sirve. Prudencia está sentada aparte.

Más: los cambios de iluminación a través de la obra.

Jorge de Juan comenta el impacto de la iluminación sobre la puesta en escena en los diferentes actos de la obra.

(Al levantarse el telón hay un gran silencio, interrumpido por el ruido de platos y cubiertos.)

Prudencia: Ya me voy. Os he hecho una larga visita. (Se levanta.)

Bernarda: Mujer, tan pronto? No te vemos nunca.

Prudencia: ¿Han dado el último toque para el rosario?

La Poncia: Todavía no.

(Prudencia se sienta.)

Bernarda: ¿Y tu marido cómo sigue?

Prudencia: Igual.

Bernarda: Tampoco le vemos.

Prudencia: Ya sabes sus costumbres. Desde que se peleó con sus hermanos por la herencia no ha vuelto ha salir por la puerta de la calle. Pone una escalera y salta las tapias del corral.

Bernarda: Es un verdadero hombre. ¿Y con tu hija...?

Prudencia: No la ha perdonado.

Bernarda: Hace bien.

Prudencia: No sé qué te diga. Yo sufro por esto.

Bernarda: Una hija que desobedece deja de ser hija para convertirse en una enemiga.

Prudencia: Yo dejo que el agua corra. No me queda más consuelo que refugiarme en la iglesia, pero como me estoy quedando sin vista tendré que dejar de venir para que no jueguen con una los chiquillos. (Se oye un gran golpe, como dado en los muros.) ¿Qué es eso?

Bernarda: El caballo garañón, que está encerrado y da coces contra el muro. (A voces.) ¡Trabadlo y que salga al corral! ( En voz baja.) Debe tener calor.

Prudencia: ¿Vais a echarle las potras nuevas?

Bernarda: Sí, al amanecer.

Prudencia: Has sabido acrecentar tu ganado.

Bernarda: Sí, con mucho dinero y muchos sinsabores.

La Poncia: (Interviniendo.) ¡Pero tiene la mejor manada de la comarca! Pena que el precio esté tan bajo.

Bernarda: ¿Quieres un poco de queso y miel?

Prudencia: Estoy desganada.

(Se oye otra vez el golpe.)

La Poncia: ¡Ay Dios mío!

Prudencia: ¡Me ha retemblado dentro del pecho!

Bernarda: (Levantándose furiosa) ¿Pero es que hay que decir las cosas dos veces? ¡Echadlo, y que se revuelque en los montones de paja! (Pausa, y como hablando con los gañanes.) Pues meted a las potras en la cuadra, pero dejadlo libre, no sea que nos tire las paredes abajo. (Se dirige a la mesa y se sienta otra vez.) ¡Ay, qué vida esta!

Prudencia: Bregando como un hombre.

Bernarda: Así es. (Adela se levanta de la mesa.) ¿Adónde vas?

Adela: A por un poco de agua.

Bernarda: (En alta voz.) Poncia, trae agua fresca. (A Adela.) Puedes sentarte. (Adela se sienta.)

Prudencia: Y Angustias, ¿cuándo se casa?

Bernarda: Vienen a pedirla dentro de tres días.

Prudencia: ¡Estarás contenta!

Angustias: ¡Claro!

Prudencia: ¿Te ha regalado ya el anillo?

Angustias: Mírelo usted. (Se lo alarga.)

Prudencia: Es precioso. Una perla. En mi tiempo las perlas significaban lágrimas...

(When the curtain goes up there is a great silence, interrupted by the noise of plates and cutlery.)

Prudencia: I'm going now. It's been a long visit.

Bernarda: So soon, woman? We never see each other.

Prudencia: Have they rung the last bell for the rosary ?

La Poncia: Not yet.

(Prudencia sits down.)

Bernarda: And your husband ? How's he doing ?

Prudencia: The same.

Bernarda: We don't see him, either. 

Prudencia: You know how he is. Ever since he argued with his brothers over the inheritance he hasn't used the front door. He puts up a ladder and climbs over the wall and the corral.

Bernarda: That's a real man. And with your daughter? 

Prudencia: He has not forgiven her. 

Bernarda: He does well. 

Prudencia: I don't know what to say to you. I suffer because of this. 

Bernarda: A daughter who disobeys stops being a daughter
and becomes an enemy. 

Prudencia: I let the water run its way. The only comfort left to me is to take refuge in the church, but as I am losing my sight I'll have to stop coming so the children can't tease me. (A loud blow is heard, as if done on the walls.) What is that?

Bernarda: The breeding stallion, he's locked up and kicking the wall. (Loudly) Shackle him and put him out in the corral! (In a quiet voice.) He must be hot.  

Prudencia: Are you going to breed him with your new mares?

Bernarda: Yes, at sunrise.

Prudencia: You've known how to build up your herd.

Bernarda: Yes, with lots of money and a lot of unpleasantness. 

La Poncia: But you have the best herd in the region! It's a shame prices are down.

Bernarda: Would you like a little cheese and honey? 

Prudencia: I have no appetite.

(The blow is heard again.)

La Poncia: For God's sake!

Prudencia: It made my heart pound!

Bernarda: (Getting up furious) Do I have to say things twice? Let him out so that he can roll around in the piles of straw! (Pauses, as if talking with the farmhands.) Well, put the mares in the stable, but turn him loose, so that he doesn't kick down the walls! (She goes to the table and sits down again) Oh, what a life!

Prudencia: Working like a man.

Bernarda: That's it. (Adela leaves the table) Where are you going? 

Adela: To get a drink of water. 

Bernarda: (In a loud voice) Poncia, bring some fresh water! (To Adela) You can sit down. (Adela sits down.) 

Prudencia: And Angustias, when is she going marry?

Bernarda: They are coming to ask for her hand in three days.

Prudencia: You must be pleased!

Angustias: Of course!

Prudencia: Has he given you the ring yet?

Angustias: Yes, look at it! (She gives it to her.) 

Prudencia: It's lovely. A pearl. In my day, pearls meant tears.

Más: Angustias y el anillo de perlas.

La actriz Marta Fochs, que interpreta a Angustias en la producción de Febrero de 2019 del Cervantes Theatre, habla de cómo Angustias interpreta esta frase de Prudencia.

Angustias: Pero hoy las cosas han cambiado.

Adela: Yo creo que no. Las cosas significan siempre lo mismo. Los anillos de pedida deberían ser de diamantes.

Prudencia: Es más propio.

Bernarda: Con perlas o sin ellas las cosas son como una se las propone.

Martirio: O como Dios dispone.

Prudencia: Los muebles me han dicho que son preciosos.

Bernarda: Dieciséis mil reales he gastado.

La Poncia: (Interviniendo.) Lo mejor es el armario de luna.

Prudencia: Nunca vi un mueble de éstos.

Bernarda: Nosotras tuvimos arca.

Prudencia: Lo preciso es que todo sea para bien.  

Adela: Que nunca se sabe.

Bernarda: No tiene porqué ser de otro modo. 

(Se oyen lejanísimas unas campanas.)

Prudencia: ¡Ay! El último toque. (A Angustias.) Ya vendré para que me enseñes la ropa.

Angustias: Cuando usted quiera.

Bernarda: Adiós, Prudencia.

Prudencia: Buenas noches nos dé Dios.

Las cinco a la vez: Vaya usted con Dios.

(Pausa. Sale Prudencia.)

Adela: Me voy a acercar hasta el portón para estirar un poco las piernas y tomar el fresco.

(Magdalena se sienta en una silla baja retrepada contra la pared.)

Amelia: Yo voy contigo.

Martirio: Y yo.

Adela: (Con odio contenido.) No me voy a perder.

Amelia: La noche quiere compaña.

(Salen. Bernarda se sienta y Angustias está arreglando la mesa.)

Bernarda: Ya te he dicho que quiero que hables con tu hermana Martirio. Lo que pasó del retrato fue una broma y lo debes olvidar.

Angustias: Usted sabe que ella no me quiere.

Bernarda: Cada uno sabe lo que piensa por dentro. Yo no me meto en los corazones, pero lo que sí quiero es buena fachada y armonía familiar. ¿Lo entiendes?

Angustias: Sí.

Bernarda: Pues ya está.

Magdalena: (Casi dormida.) Además, ¡si te vas a ir antes de nada! (Se duerme.)

Angustias: Tarde me parece.

Bernarda: ¿Hasta qué hora estuviste hablando anoche?

Angustias: Hasta las doce y media.

Bernarda: ¿Y qué se cuenta Pepe?

Angustias: Yo le noto distraído. Me habla siempre como pensando en otra cosa. Si le pregunto qué le pasa, me contesta: «Los hombres tenemos nuestras preocupaciones.»

Bernarda: Y no le debes preguntar. Y cuando te cases, menos. Habla si él te habla; mírale si él te mira. Así te evitarás disgustos.

Angustias: Yo creo, madre, que él me oculta muchas cosas.

Bernarda: Y no debes intentar averiguarlas. No le preguntes y, sobre todo, que no te vea llorar jamás.

Angustias: Debería estar contenta pero no lo estoy.

Bernarda: Eso es lo mismo.

Angustias: Muchas veces miro a Pepe con mucha fijeza y su imagen se me nubla a través de la reja, como si la tapara una nube de polvo de la que levantan los rebaños.

Angustias: But things have changed nowadays

Adela: I don't think so. Things always mean the same. Engagement rings should be diamonds.

Prudencia: It's more appropriate.

Bernarda: With pearls or without them, things are what you make of them.

Martirio: Or what God decides.

Prudencia: Your furniture, I'm told, is lovely.

Bernarda: I spent sixteen thousand reales.

La Poncia: (Intervening) The best is the mirrored wardrobe.

Prudencia: I never saw one of those.

Bernarda: All we had was a chest.

Prudencia: What's important is that things work out.

Adela: And you never know.

Bernarda: There's no reason why it should be different.

(Distant bells are heard)

Prudencia: Ay! The last call. (To Angustias) I'll come back soon, so you can show me the clothes.

Angustias: Whenever you like.

Bernarda: Goodbye, Prudencia.

Prudencia: Good night. God be with you.

The five together: God go with you.

(Pause. Prudencia exits)

Adela: I'm going to the front door to stretch my legs a little and get some fresh air.

(Magdalena sits down in a low chair leaning on the wall.)

Amelia: I'll go with you.

Martirio: Me, too.

Adela: (With contained hatred) I'm not going to get lost.

Amelia: You should have company at night.

(They exit. Bernarda sits down and Angustias is cleaning the table.)

Bernarda: I've already told you I want you to speak to your sister Martirio. What went on with the picture was just a joke and you must forget it.

Angustias: You know she doesn't love me.

Bernarda: We each know what we're thinking inside. I'm not interested in people's feelings, but I do want to keep up appearances and familiar harmony. Do you understand?

Angustias: Yes.

Bernarda: That's settled, then.

Magdalena: (Dozing) Anyway, you're going to leave very soon! (falls asleep.)

Angustias: Not soon enough, I feel!

Bernarda: To what time were you talking last night?

Angustias: Until half past twelve.

Bernarda: What does Pepe talk about?

Angustias: He seems distracted, always talking to me as if he's thinking of something else. If I ask him what's wrong, he answers: "We men have our concerns."

Bernarda: You mustn't ask him. Especially when you marry. Speak if he speaks to you; look at him if he looks at you. That way you'll avoid disappointment.

Angustias: Mother, I think he is hiding many things from me.

Bernarda: Don't try to find out about them. Don't ask him, and above all, don't ever let him see you cry.

Angustias: I should be happy, but I'm not.

Bernarda: It's all the same.

Angustias: Lots of times I stare very hard at Pepe and his image grows blurred behind the bars of the window, as if he were being covered by a cloud of dust like the ones the sheep stir up.

Más: Frustración de Angustias con respecto a Pepe el Romano.

Marta Fochs habla de la frustración de Angustias con respecto a Pepe el Romano.

Bernarda: Eso, eso son cosas de la debilidad.

Angustias: ¡Ojalá!

Bernarda: ¿Viene esta noche?

Angustias: No. Se ha ido a la ciudad con su madre.

Bernarda: Así nos acostaremos temprano. ¡Magdalena!

Angustias: Está dormida.

(Entran Adela, Martirio y Amelia.)

Amelia: ¡Qué noche más oscura!

Adela: No se ve a dos pasos de distancia.

Bernarda: It's only because you're frail.

Angustias: If only!

Bernarda: Is he coming tonight?

Angustias: No. he's gone to the city with his mother.

Bernarda: Then we'll get to bed earlier. Magdalena!

Angustias: She's asleep.

(Enter Adela, Martirio and Amelia.)

Amelia: What a dark night!

Adela: You can't see two steps ahead.

Acto Tercero - Parte 2